Promoviendo la terapia breve, capítulo I: ¿terapia superficial?

May 29, 2016

Probablemente víctima de su eficacia y su duración, muchos profesionales de la salud, fruto de cierto desconocimiento hacía este tipo de intervención, han definido la Terapia Breve como una terapia superficial, nada profunda, que solo resuelve la problemática que la persona trae a consulta y no indaga en lo más profundo. A continuación exponemos otra forma de verlo:

 

Primero de todo, tenemos que tener en cuenta que la Terapia Breve responde directamente a una demanda, y por tanto, dependiendo de la “superficialidad o profundidad” de ésta (daremos de momento por válido el concepto de “profundidad” generalizado), la terapia será directamente al mismo nivel. Fácilmente, se puede comprender que no es la misma circunstancia una persona que tiene dificultad para encontrar un momento para estudiar en época de exámenes que otra persona que los nervios, el estrés y la sobreexigencia le impide concentrarse. Cada uno de ellos tiene un funcionamiento, unas pautas y siguiendo con la falacia conceptual, un nivel de profundidad (el primero probablemente sea a nivel de conducta, mientras que el segundo podría ser perfectamente a nivel de capacidad), por lo que el proceso es distinto, o si más no, debería serlo en mi opinión.

 

Ahora centrémonos más en el concepto de profundidad:

 

Profundidad: del latín profunditas, es la cualidad de profundo (algo que resulta más hondo que lo regular, que se encuentra extendido a lo largo o que penetra mucho).

 

Como se puede apreciar, en ningún momento se mencionan los conceptos de temporalidad ni tampoco se relaciona el mismo con la eficacia. Aun así, fuera del mundo de la psicoterapia y en muchos casos también dentro, se piensa que una psicoterapia tiene que durar meses e incluso años, síntoma inequívoco de que se está realizando un proceso profundo, y si es profundo, es eficaz, cuando a mi parecer, una buena psicoterapia tendría que basarse más en criterios de eficiencia (capacidad de alcanzar un objetivo fijado con anterioridad en el menor tiempo posible y con el mínimo uso posible de los recursos). Lamentablemente y en muchos casos, ésta concepción de “profundidad” y la  cronificación van de la mano.

 

Vayamos ahora con un ejercicio para acabar de “profundizar” en los argumentos. Pensemos en una película profunda y una película superficial. Acto seguido, preguntémonos:

 

  • ¿Qué características dirías que las definen?

  • ¿En qué aspectos te basas para catalogarlas?

  • ¿Qué conclusiones derivas de las anteriores preguntas?

  • ¿Qué aspectos tienen en común con lo comentado anteriormente?

 

Ya acabando con una reflexión, pienso que sería interesante tener en cuenta donde está escrito, en el caso hipotético de que el concepto de profundidad sea el que comentamos en su inicio, que una terapia debe ser profunda para solucionar el problema. O aún peor, ¿Qué evidencias tienen las autodenominadas corrientes profundas de que están siendo profundas?

 

En fin, espero haber conseguido explicar lo que quería trasmitir con el artículo y sobretodo, que no hayas tenido que dedicar mucho tiempo, a riegos de haber escrito algo “superficial”. De no ser así, me alegro. Has conseguido una experiencia profunda.

 

 

  

 

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HÉCTOR SÁNCHEZ

Psicólogo col. 21345